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lunes, 6 de mayo de 2013

¿Territorial o social?

Todavía está bastante extendida la creencia de que los perros van haciendo pipí por todas partes porque quieren delimitar su territorio, o que quieren hacerlo encima de otros pises porque son dominantes y su pis debe quedar sobre todos los demás.
La realidad es mucho más simple. Los perros son animales sociales, igual que nosotros (esto no es ningún secreto) y como tal necesitan controlar su entorno y saber quién ha pasado por la zona que frecuentan, qué perros circulan a su alrededor, qué objetos nuevos hay en el parque, qué animales han dejado su olor por allí... La forma de conocer esto es sobre todo mediante el olfato. A su vez, ellos necesitan sentirse presentes en su zona, sentir que no son unos desconocidos en su entorno inmediato. Dejar su olor por allí es la manera que tienen de "hacerse notar", es una forma de dejar mensajes que quieren decir "¡Ey! yo también paseo por aquí, tenedme en cuenta". De esta forma, si se encuentran con más perros durante el paseo, no son unos desconocidos: han ido oliendo las marcas que dejan los demás por la zona y saben quién anda por ahí, por lo que el encuentro es menos brusco.

A mí me gusta pensar que es el equivalente humano a revisar nuestras redes sociales o leer las noticias cada mañana: Nos ponemos al día con la actividad de nuestros conocidos, nos enteramos de qué ha ocurrido a nuestro alrededor, podemos escribir sobre lo que hacemos nosotros para que otros lo vean... Es una actividad social que nos mantiene en contacto con nuestro entorno, no intentamos marcar nuestro territorio ni dominar a nadie. Es una actividad que nos tranquiliza y que necesitamos hacer con frecuencia como animales sociales que somos.

Por este motivo es muy importante permitir que los perros hagan al menos un paseo al día por "su zona" (el parque al que van siempre, la manzana alrededor de su casa, etc), para ponerse al día con los nuevos olores (el equivalente a las "notificaciones" de las redes sociales o las noticias del día), interaccionar con su entorno olisqueando, dejando su olor y explorando las novedades, y continuar sintiéndose presentes como parte de su entorno social. Debemos permitirles olisquear todo lo que quieran (cuanto más, mejor. ¡Recordemos que utilizar la nariz equivale a estimulación mental, y es relajante!), hacer pis por donde lo necesiten, y explorar las cosas nuevas que haya alrededor.
¡Tendremos un perro más relajado y feliz!

Así me imagino yo cómo ven los perros su paseo 



martes, 30 de abril de 2013

Dos puntos de vista II: Respetar iniciativas


Me gustaría desarrollar un poco más la idea a la que di pie en el post anterior en forma de viñeta. Se trataba sobre una reflexión acerca de que en todas las situaciones existen siempre dos puntos de vista, y que antes de imponer siempre el nuestro por norma, deberíamos intentar entender ambos y llegar a un acuerdo para que ambas partes puedan ser escuchadas.

¿Cómo podemos aplicar esto en los perros?
Primero, entendiéndolos. Hacer un esfuerzo por entender sus necesidades y su lenguaje es el primer paso para saber porqué hacen lo que hacen. Esto es necesario si aspiramos a comprender y respetar su punto de vista sobre las cosas.
Segundo, reflexionando sobre nuestros actos y nuestras exigencias hacia ellos. La mayoría de las veces hablamos más de lo necesario, les prohibimos hacer algo que realmente podríamos permitir sin ningún problema, o elevamos el nivel de exigencia más de necesario. Pongo un ejemplo:

Tu perrito está olisqueando tranquilamente un árbol a 20 metros en un parque, y tú te quieres ir ya. Le llamas y él sigue olisqueando. Le llamas un poco más fuerte, te mira, y vuelve a olisquear. Te enfadas porque  quieres que venga YA, si le llamas y no deja inmediatamente cualquier cosa que esté haciendo y sale volando hacia ti te parece que te está toreando o que es un desobediente.
Vale, vamos a ver. No es difícil ponerte en la misma situación: Si estás viendo la tele, una serie en la que está ocurriendo algo emocionante, o el momento álgido de una peli, y una persona con la que convives te llama para que laves los platos, por ejemplo… ¿Saltas del sillón como un resorte y vas corriendo hasta la cocina dejando todo lo que estabas haciendo? ¿O dices “espera un momento, que lleguen los anuncios”… “ahora voy, un segundo”… “espera, que está a punto de terminar”…
Eres consciente de esa tarea no es una urgencia de vida o muerte, y esperas a terminar lo que estabas haciendo para ir tranquilamente a atender la llamada de esa persona. A tu perro le pasa igual. Para él es necesario investigar su entorno, resolver las situaciones que hay a su alrededor (como ver quién es ese perro que se acerca, oler este árbol, ir a investigar ese matorral) antes que obedecer una orden cuyo significado conoce y sabe que no es de vida o muerte. ¿Realmente necesitas que esté clavado a tus pies a los 5 segundos de haberle llamado? ¿Si tarda 5 minutos en venir tranquilamente, terminando de oler ese árbol o ese perro, hay alguna consecuencia catastrófica? ¿O puedes llamarlo, ver que te ha visto, y empezar a caminar hacia la salida del parque mientras tu perro termina de resolver sus cosas y va viniendo tranquilamente hacia ti?
Obviamente hay situaciones que requieren una respuesta rápida, pero no son las habituales de cada día, y se pueden trabajar por separado. Lo que intento haceros ver es que en el día a día nuestro nivel de exigencia es muy superior al necesario. Conocer las dos caras de una situación, ayuda mucho a relativizar la importancia de las cosas. Un perro se ha revolcado en caca, ¿Y qué? Pues toca lavarlo y ya está. No hay que hacer un mundo. Y soy la primera que tiene una perra a la que le encanta untarse cacas (preferiblemente humanas) por todo el cuerpo, y luego he tenido que meterla en el coche, y he tenido que lavarla metiendo ahí las manos, y me da mucho asco. Pero tenemos que entender que para ellos una caca es algo estupendo que huele muy bien, tiene muchos nutrientes, y les encanta. Y que por mucho que nos enfademos lo único que vamos a conseguir es asustar al perro y crear un enfrentamiento que no lleva a ningún sitio. Intentemos evitar las situaciones desagradables y cuando ocurran, pues ya está, qué le vamos a hacer.

Es muy importante permitir que los perros puedan desarrollar la mayoría de sus iniciativas. Esto hace que sean menos inseguros, que confíen más en nosotros y que respeten más nuestro criterio (ya que si sólo les pedimos que nos obedezcan cuando realmente es necesario, sabrán que cuando hablamos es porque tenemos algo importante que decir, sobre todo si se lo pedimos amablemente, y los perros son muy buenos devolviendo el respeto que reciben). Además esto les permite desarrollarse como perros.



Un perro al que se le inhiben y castigan sus iniciativas y sus puntos de vista, se vuelve un indivíduo inseguro, gruñón, apagado, sin ganas de disfrutar de las cosas y en muchos casos obsesivo con determinados comportamientos. Me gustaría enseñaros un fragmento de una entrada del blog “LA ESTRELLA POLAR” (blog muy interesante que habla sobre temas relacionados con crianza, niños y animales, y que recomiendo mucho):

Los niños necesitan desarrollar desde una edad muy temprana, probablemente desde bastante antes de cumplir un año, una sensación interna de que controlan su entorno, de que son capaces de producir efectos en él, de que tienen la capacidad de lograr un objetivo que se proponen, ya sea hacer caer algo, hacer que una persona (su madre por ejemplo), le coja en brazos, o le deje en el suelo, etc. Necesitan tener esa sensación de que el entorno está, al menos en una medida razonable, bajo su control.

Los adultos les robamos con demasiada facilidad esa capacidad de control, abortamos sus intentos de operar sobre lo que le rodea, frustramos sus experimentos y sus peticiones, no les damos campo para poder expresarse, expandirse, investigar, experimentar; y lo que conseguimos son niños que van perdiendo su interés por entender su entorno, niños apáticos que tienen asumido de antemano que son incapaces de averiguar cómo producir esos efectos que desearían. […]

Con los perros ocurre algo comparable. Un perro, como cualquier ser vivo de comportamiento complejo, necesita entender su entorno, tener un modelo del mundo con el que poder realizar predicciones acertadas, y disponer de herramientas para actuar de manera efectiva sobre su ambiente produciendo cambios en él.

Si con los niños tenemos tendencia a frustrar de forma irreflexiva y gratuita sus intentos de aprender a operar con su entorno, con los perros eso es la norma: dicho en pocas palabras, no dejamos a los perros ser perros; los consideramos máquinas que deben obedecer a sus dueños sin darles la oportunidad de entender qué es lo que queremos de ellos, les obligamos con frecuencia a soportar en casa los malos tratos de niños que los acosan, los persiguen y agobian sin darles respiro, y les privamos de cualquier posibilidad de evitar esos ataques. Un perro sometido a ese trato se estabiliza en un estado de estrés crónico que desemboca con frecuencia en una depresión, en lo que técnicamente se denomina estado de indefensión aprendida.

Un perro así se vuelve tan impredecible, y tan ingobernable, como el entorno lo es para él. Es un perro que se encuentra abocado a mostrar, en el momento más inesperado, algún tipo de comportamiento agresivo. Acosar a un perro hasta hacerle perder la confianza en su capacidad para actuar sobre su entorno es armar una bomba de relojería.
Y lo mismo puede decirse de los niños: regañar, pegar, castigar, frustrar a un niño cada vez que intenta encontrar la forma de actuar sobre su entorno, de entenderlo y operar con él, es crear una bomba humana de relojería; es minar su autoestima, abocarlo a convertirse en un consumidor compulsivo de cualquier producto que le ofrezcan hábilmente empaquetado en un anuncio atractivo, es llevarlo a creer que el mundo no tiene sentido y que tampoco tiene interés.

Puedes ver en ocasiones perros y niños que presentan estos síntomas. Son perros que caminan con paso pausado junto a su amo, mirando al suelo o al frente, sin distraerse con nada. No es que sean perros muy bien educados, son robots, les han robado su derecho a ser perros.

También puedes encontrar a veces niños que permanecen sentados con la mirada baja, callados, durante un largo rato; que se portan bien en los restaurantes, que “no dan guerra ni dan la lata”, que no protestan por nada, que no hacen payasadas. No es que sean niños muy bien educados, son robots, niños a los que les han robado su infancia.

Si tienes un perro en casa, te sugiero que te plantees la pregunta de si le estás dando la oportunidad de desarrollarse como el animal equilibrado, inteligente, sensible, afectuoso, cariñoso, alegre, que podría ser, o si es un animal que vive agobiado, acosado, desmotivado, prisionero, estresado. Ten en cuenta que los perros tienen una tendencia natural muy sólida al equilibrio emocional; a poco que les des la oportunidad, la aprovecharán con entusiasmo. Pregúntale a personas que realmente sepan de psicología canina; te aconsejarán que le lleves a menudo al campo, a ser posible que lo sueltes durante un largo paseo, que le dejes explorar, entender su entorno y actuar sobre él, que respetes su descanso, sus comidas; que enseñes a los niños a tratarle con respeto, con suavidad, a comunicarse con él de forma amable y cariñosa. Seguramente te sorprenderá el cambio que puedes producir en él.”

martes, 23 de abril de 2013

Dos puntos de vista: Los perros son perros.

El post de hoy va a ser en forma de cómic, para dar pie a una reflexión que desarrollaré más en la siguiente entrada. Lo voy a poner así de grande para que se vea bien, aunque quede un poco descuadrado. Cuando publique la siguiente entrada lo haré más pequeño para que no moleste.



La idea que quiero expresar con esta tira cómica no es que no bañemos a nuestros perros cuando se revuelquen en algo asqueroso (aunque sí podemos intentar enfadarnos menos por ello y tomarlo con más naturalidad), si no que seamos conscientes de que siempre existen dos puntos de vista y que ambos son  válidos. En lugar de imponer siempre nuestra versión las cosas y enfadarnos cuando se hacen de otra forma, podemos intentar llegar a un acuerdo en el que ambas partes hablen y sean escuchadas, y ceder de vez en cuando para permitir las iniciativas de nuestros compañeros (siempre que sean razonables y no supongan ningún peligro). Desarrollaré más este tema en la siguiente entrada. ¡Nos vemos!

lunes, 15 de abril de 2013

¿Cómo elegir un educador para mi perro?


A lo largo del tiempo que llevo estudiando y practicando la educación canina, he notado que hay un par de estereotipos que con frecuencia persiguen a esta profesión.



El primero y más habitual es pensar que los educadores somos una especie de magos que pueden solucionar cualquier problema en cinco minutos agitando su varita. Con un poco de sentido común, todos podéis daros cuenta de por dónde falla este mito. Los problemas surgen de unas rutinas incorrectas en la convivencia diaria, o de una relación equivocada con su dueño. ¿Cuál es el papel del educador en todo esto? Nuestra función es daros las herramientas que necesitáis para que vosotros vayáis mejorando día a día lo que está creando problemas en la vida del perro, porque sois los que convivís con él. Además muchos problemas complejos requieren de una superación psicológica por parte del animal, que supone enfrentarse a sus miedos y pasar por un proceso de aprendizaje, y esto puede tardar días, semanas, o meses dependiendo de la gravedad del caso.
La idea de que un educador aprieta un botón y el problema desaparece, se ha ido introduciendo en la mente colectiva a raíz de los programas de televisión que muestran tratamientos milagrosos, pero hay que conservar la perspectiva de lo que son: un show de televisión y no un tratamiento psicológico real.

El segundo estereotipo con el que me he encontrado varias veces es el del educador canino como un estafador que te cobrará un montón de dinero para no solucionar nada. Y es cierto que a veces ocurre, hay muchas personas dispuestas a aprovecharse de los demás.
Sin embargo convendría una pequeña reflexión sobre por qué ocurre esto: echarle la culpa al “profesional” que te ha timado o intentar que desarrolle una conciencia que le impida hacer eso es más bien infructuoso: su éxito depende de tu criterio. Si tienes claro lo que buscas se lo pondrás  bastante más difícil.
El problema de esta profesión es que al no estar regularizada, hay mucho intrusismo profesional, es decir, gente que se hace pasar por educador cuando no lo es, incluso sin mala intención. Esto es lo que provoca los problemas que preocupan a los propietarios de perros.

Hay muchas maneras de encontrarse con algún “adiestrador” que nos va a hacer tirar el dinero, pero voy a daros algunas pistas que os permitan desarrollar cierto criterio para diferenciar un buen profesional de otro menos adecuado.
  •  Lo primero que yo buscaría si voy a contratar a alguien es que no tenga nada que esconder. Los profesionales que disponen de una buena formación y experiencia que avalen su trabajo, suelen exponer públicamente su currículum, ya sea en su web, colgando títulos en su consulta, poniendo las fotos de los cursos a los que ha asistido en su blog, etc. Si no encontráis la manera de ver su formación, preguntádsela directamente. Yo no me fiaría de alguien que no quiere mostrarme su formación o que me da respuestas confusas.
Cuidado con los típicos que han visto un programa de la tele o se han leído dos libros y ya se creen educadores caninos, sin tener ningún tipo de formación específica o experiencia.
Tampoco habría que fiarse de los que hacen un cursillo de fin de semana y ya van ofreciendo consultas, porque es necesaria una formación bastante extensa y especializada para saber afrontar los problemas que se pueden plantear.
  • Lo segundo que debe haceros desconfiar es alguien que intenta venderos un paquete de 20 consultas para solucionar un problema (por decir un número alto). Los casos complejos pueden necesitar una terapia larga, pero si estamos aplicando un tratamiento, hay que ir viendo la evolución de la terapia para decidir si necesita más sesiones. Si es un problema muy claro y el profesional dispone de la suficiente experiencia como para haber tratado muchos casos similares anteriormente, podría hacerse una idea de la duración aproximada del tratamiento para orientaros, pero aún así sería muy difícil saber exactamente cómo evolucionará, ya que cada animal es un mundo. Muchas veces el problema es más simple y con un par de consultas suele ser suficiente. Esta persona lo que quiere es que le paguéis las 20 consultas y luego ya veremos si es capaz de solucionar algo.
Es diferente el caso de los cursos, como un curso de adiestramiento para tu perro, una escuela de cachorros, unas clases de obediencia básica, etc. En este caso se está ofreciendo un curso estructurado, generalmente en grupo, con un temario que será igual para todo el mundo, y aquí sí que se puede establecer sin problema el número de clases que lo componen.

  • Como hemos dicho más arriba, solucionar un problema depende en un porcentaje muy alto del compromiso del propietario para aplicar las pautas y las rutinas correctas marcadas por el educador. Si alguien os ofrece “arreglaros” al perro sin que vosotros tengáis que hacer nada, como si se tratara de una lavadora estropeada, hay algo raro.
  •  Hay educadores (yo conozco a alguno, de cuyo nombre no quiero acordarme), que durante todo el tratamiento en ningún momento ven al perro. El cliente va a su despacho, le explica el problema, el educador le establece unas pautas estándar, y si el tratamiento no funciona da por hecho que es porque el cliente no ha seguido sus instrucciones, y fin del asunto. Como mucho, si el cliente insiste, receta medicación, lo que en mi opinión sólo debería ser para casos muy extremos y como APOYO de la terapia, ya que no es ninguna solución, es un parche. Yo creo que no se puede tratar un problema de comportamiento correctamente sin ver al perro.
  • Por último, yo me fijaría en la forma de trabajar del profesional, o al menos le preguntaría qué métodos y herramientas utiliza. Alguien cuyo método de trabajo implique violencia o miedo no es de confianza. Es posible educar sin castigos, y es mucho más eficaz. La educación tradicional utiliza herramientas como la dominación, el collar de pinchos, de estrangulamiento, o las famosas “pataditas en el costado”. Todos estos métodos no solucionan el problema, lo que hacen es reprimirlo, y además crean otros problemas adicionales que se añaden al que ya existía.
      Espero que entendáis que no pretendo ofender a nadie ni descalificar a otros buenos profesionales. La única intención de este post es dar herramientas a los propietarios de mascotas para que desarrollen un criterio justo que les permita diferenciar a los buenos y los malos profesionales, y unas expectativas realistas que les eviten llevarse un chasco a la hora de contratar a uno de ellos.
      ¡Espero que os haya resultado útil!

miércoles, 10 de abril de 2013

¿Por qué LUPO? Un personaje con vida propia


Varias personas me han preguntado ya por qué nuestro centro se llama así. La verdad es que es un nombre poco común. Ya desde el principio, no me apetecía ser uno más de esos centros caninos cuyo nombre termina en “can” o en “dog”, quería algo más original. Pero hay algo más. Lupo no es sólo un nombre comercial: Es un personaje con una historia detrás.

Desde que tengo memoria, he sentido una conexión y una empatía más fuerte hacia los animales que hacia las personas. La suerte de haber crecido con unos padres científicos y amantes de la naturaleza, potenció esto al máximo. Desde siempre ha habido dos cosas que han destacado para mí: el dibujo y los animales. Tanto fue así, que cuando empecé a dibujarme a mí misma, no me dibujaba como una niña, si no como un animal. Como me gustaban mucho los lobos, me dibujaba a mí misma como un lobito.
Por tanto cada vez que alguien me pedía que hiciera un autorretrato, o dejaba una nota para alguien dibujándome a mí diciendo algo, o en cualquier situación que quisiera dibujarme, aparecía ese lobito, hasta que llegó a convertirse en mi alter-ego sobre el papel. El nombre de Lupo le vino por su especie, Canis lupus.

Aquí puede verse cómo aparecía Lupo cuando me quería dibujar a mí misma. Esto es una nota que dejé un sábado en la puerta de mi habitación, cuando tenía 17 años, para que mi padre no me despertara temprano (Enkil era la iguana que vivía conmigo por entonces).



Calvin & Hobbes
Lupo y yo fuimos creciendo juntos, al principio era un personaje muy infantil dibujado con los trazos torpes de una niña pequeña, y según me fui haciendo mayor él también fue cambiando, recibiendo también la influencia de los cómics que yo leía. Podría decirse que, aunque como personaje ya existía, Lupo alcanzó su forma física definitiva inspirado en Hobbes, el tigre de las tiras de Calvin & Hobbes de Bill Watterson,  como un compañero imaginario que refleja la parte más profunda de la personalidad de su creador. Se puede ver claramente esta influencia en sus bigotes o en su cuerpo alargado y antropomorfizado.

A la izquierda, un Lupo todavía muy infantil, sacado de mis dibujos de primaria. 
A la derecha, la versión más actual de Lupo, en unos dibujos hechos hace un par de semanas para la web.


Comenzó a aparecer por todas partes en mis apuntes, cada vez que quería hacer una anotación; dibujado en los pupitres del colegio y posteriormente en los del instituto; e incluso fue adquiriendo su propio entorno a través de pequeñas historietas que me inventaba para él. De esta forma surgieron más personajes a su alrededor, cada uno como espejo de un aspecto de mi personalidad. Algunos de sus amigos eran un zorro científico llamado Max (por Maxwell, Físico escocés conocido principalmente por haber desarrollado la teoría electromagnética clásica), que reflejaba mi amor por la ciencia, y Marta, una jineta artista que reflejaba mi amor por el dibujo y la pintura. Sin embargo Lupo siempre fue el protagonista.

En estas viñetas puede verse a ambos personajes y también la evolución del estilo de dibujo con los años.



Cuando me metí a estudiar la carrera de Biología en la universidad de Alcalá, Lupo siguió a mi lado, ayudándome a estudiar a base de hacer mis apuntes más entretenidos y apareciendo sin avisar cuando me aburría en clase. Es curioso cómo cuando un personaje te acompaña durante tantos años, acaba cobrando vida propia, apareciendo cuando le apetece aunque no le llames. Para mí, que me considero una persona bastante tímida socialmente, Lupo se convirtió en una expresión libre de mi personalidad, que vive en su propio mundo de papel donde se siente seguro para ser él mismo.

Aquí podéis ver algunos ejemplos de cómo Lupo se asomaba contínuamente a mis apuntes para expresar mi estado de ánimo o para hacer alguna anotación. Estos en concreto son apuntes de matemáticas de Bachiller y de la Universidad.



Por eso, cuando llegó el momento de abrir el centro y empezamos a pensar nombres, mi chico me sugirió el nombre de Lupo. Lo estuvimos pensando y me pareció muy adecuado: fue como si en lugar de desaparecer el personaje al crecer yo, se hubiera hecho más presente, convirtiéndose en una voz interior que me guiaba para seguir el camino de lo que realmente quería hacer.
Como veis Lupo es algo más que un logo, es como una mezcla entre mi alter-ego y  mi amigo imaginario, y seguirá asomando el hocico por este blog con frecuencia  ¡Así que nos vemos por aquí!


Lecturas recomendadas

  • Valores y Principios de la Educación Canina - Nicolás Planterose, Albert Vilardell y Jordi Herrera
  • El lenguaje de los perros: Las señales de Calma - Turid Rugaas
  • Jugar con su perro - Christina Sondermann
  • Adiestra a tu perro en positivo - Jaime Vidal "Santi"
  • No lo mates... ¡Enséñale! - Karen Pryor